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Roland Curisinche
Desde que ingresó al mundo de la radio en 1984, se vinculó con la música andina-latinoamericana, no obstante sentía que le faltaba algo más para completar esa misión de difundir las costumbres y tradiciones, por lo que optó por emprender una empresa que nadie había hecho: contar historias nacidas de las entrañas mismas de la memoria de todos los pueblos.

Su nombre: Roland Curisinche Castro, natural de Jauja; tierra de importantes recopiladores de la literatura oral como Pedro Monge Córdova, Víctor Claudio Reyna Espinosa, entre otros; conductor radial e ingeniero de profesión acaba de publicar el tercer tomo de “Cuentan los abuelos”, título también que da nombre a la secuencia que tiene en su programa radial “Pasos y huellas del tiempo”, donde día a día cuenta desde las más escalofriantes hasta las más jocosas historias, cuyos autores se puede decir que son todos los que vivieron antes que nosotros. “El mismo pueblo es dueño de la literatura oral”, dice Roland.

Cuenta Roland Curisinche que todo empezó debido a su afición por la lectura de literatura oral gracias a su tío, quien era profesor de un humilde colegio en Jauja, y también por sus ganas de dar a conocer a la gente sobre su pasado. “Si la gente no tiene tiempo para leer, mejor lo puedo hacer por la radio”, se preguntó alguna vez, de ahí que a partir del 2005 comenzó a relatar, primero, la leyenda de los hermanos Ayar, pero como eran historias muy alejadas, se propuso rescatar otros relatos que estaban más próximos a nosotros como la leyenda del Nevado del Huaytapallana, apu tutelar de la cultura Wanka.

Desde entonces no ha cesado de contar, a través la radioemisora Antena Sur, las muchas historias recogidas por recopiladores e investigadores, y también por él mismo, que desde niño también sus abuelos le contaban historias propios de su pueblo Acolla, y que es más un tío suyo, tenía escritos; fue así que el primer relato que escuchó fue sobre el nacimiento del valle de Yanamarca. Pero el relato que más le gustó fue el de “Las truchas” (ver tomo II), recopilado por César Pérez Araujo.

Además conforme iba contando por la radio sus relatos, la gente de a pie le iba haciendo llegar historias para que Roland los contara, siempre mencionando la fuente y la referencia de quién proviene el la historia.

“No pensaba llegar a los tres libros”, confiesa Roland, viendo los tres tomos que ya van de “Cuentan los abuelos”; siendo el primer tomo publicado el 2005, “este libro era como para presentar de que tengo una obra.”, además porque la gente lo que escuchaba por la radio le pedía sus escritos; “como tengo la herramienta en la mano, dije entonces ¿por qué no elaborar en un texto?” se dijo a sí mismo. Así fue llegando el segundo tomo, publicado el 2007, que están avocados a la recopilación de relatos de la zona de Cerro de Pasco, Jauja, y el valle de Yanamarca.

El tercer y último tomo, publicado el presente año, es producto “del gusto de la gente y es un trabajo más ordenado”, afirma, y efectivamente es así, ya que en este libro agrupa relatos sobre almas, condenados, diablos, pistachos y duendes, con su respectivo dibujo hecho por el artista Joel Rodríguez Pomalaya, y en la portada está una pintura del mismísimo Josué Sánchez; haciendo así del libro una lectura indispensable, escritos con un “lenguaje comprensible”; no obstante el trabajo de Roland Curisinche aún no termina ya que está pensado el cuarto tomo. “En el cuarto libro voy a mezclar mitos y leyendas del Perú”. Además confiesa que tiene relatos si quiera para un año más. Así es que escuchémoslo y leámoslo.

La literatura oral sigue siendo fuente de la gran producción literaria. Aun cuando creemos que hoy la literatura escrita impera, debemos saber que no es tanto así, pues si bien la escritura ha ganado mucho terreno, gran parte de ella sigue basándose en la oralidad. La literatura oral, desde ese punto de vista, se convierte en una fuente importantísima para la creación en la actualidad. Y es que los escritores apelan a la tradición roal para nutrir sus historias, ya sea con la tradición histórica, con la folklórica, con la social, o ya con la oralidad urbana que todos los días rueda por la ciudad (comentarios, chistes, mitos sociales, noticias, etc.)
Roland Curisinche Castro ingresa aquí con su libro Cuentan los abuelos que, precisamente, es una recopilación de historias orales de Pasco y de la zona, con múltiples asomos de modernidad literaria. Es decir, que el autor se sirve de la oralidad andina para recrear con recursos literarios sobrios y modernos relatos.

Podemos decir que este libro, lleno de anécdotas y narraciones arrancadas de la oralidad andina, se divide en tres grandes bloques temáticos: los cuentos nacionales, los cuentos de aparecidos y los cuentos urbanos.

Al primer grupo pertenecen los relatos sobre pícaros, truhanes y curas lascivos que pretenden vivir de la mejor forma con un mínimo de esfuerzo. Estos relatos son coloridos, llenos de vida y humor, y se emparentan lejanamente con los cuentos nacionales de escritores como Giovanni Boccaccio, Margarita de Navarra, Chaucer y otros. En la literatura peruana, los referentes serían Ricardo Palma y Clorinda Matto de Turner, quienes se ingeniaron para rescatar de la oralidad nacional (la segunda, de la oralidad cusqueña) las tradiciones más socarronas y entretenidas, realmente inmortales. Su característica esencial es la frescura del relato y las complicaciones de los personajes que se lían en todo tipo de enredos. «Así es como se explica que algunas tradiciones aún posean cierto estatuto originario o fundacional en unas comunidades, mientras en otras simplemente hayan pasado al olvido», dice Víctor Quintanilla Coro.

El segundo grupo de relatos, los de aparecidos, son las que más abundan en el libro de Curisinche. No son relatos propiamente de terror, sino más bien de entretenimiento con toques de humor negro y humanizaciones (como el del condenado que viajaba en un camión). Esta temática es la que prima en la antología y, quizás por ello, los lectores dan por sentado que el libro contiene únicamente relatos de este tipo, lo que no es verdad. Estos cuentos, extirpados de las entrañas de las comunidades andinas, están escritos en una prosa serena y adecuada, y combinan las voces gangosas de las “almas” con el fuego de los condenados para acercarnos a un mundo andino sobrenatural.

El tercer grupo de cuentos, los menos, son los urbanos. A veces anécdotas, a veces relatos uniformes y a veces viñetas sociales, éstos se desplazan por las páginas del libro con festivas o dramáticas historias que nos acercan a nuestra cotidiana realidad. Llama la atención la voz del narrador que, por primera vez, utiliza una fórmula literaria para iniciar sus historias: «Cuentan los abuelos que». Esta frase, que suple largamente a los manidos «Había una vez» o «Érase una vez», le imprime cierta renovación al relato, sin alejarlo de su verdadera esencia: la oralidad. Hubiera sido conveniente que todos los cuentos, sin excepción, empiecen de esa manera para terminar de imprimirle el sello personal.

Buena y larga salud, pues, para la literatura oral.

CONTACTO: cuentanlosabuelos@hotmail.com

Fuente: http://www.correoperu.com.pe/correocentro/huancayo/columnistanota.php?col_id=37&id_nota=380

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